sábado, 12 de septiembre de 2020

El auto

Él se encontraba solo, a la espera de que llegasen. En la vereda las ojas amarillas, verdes y rojas de los árboles lo acompañaban. El viento le hacía caricias. El sol le daba ese calor que le faltaba y que llegaría desde adentro cuando ella y él se encuentren. Ansiedad sentía, ya era la cuarta vez que iban a pasar un rato largo dentro de él. Los murmullos de sus voces lo llenaban de alegría. En ese momento, sintió que sus puertas se abrían... 

sábado, 29 de agosto de 2020

La plaza

La plaza era su lugar de encuentro. Era un día gris, un poco fresco. Estaba esperándolo en el banco mientras escuchaba música. El cuidador pasaba limpiando las ojas, una señora mayor barría la vereda, una pareja charlaba en un banco al otro lado de la plaza, una policía caminaba vigilando. Seguía esperando, todavía era temprano para que llegue. Estaba tranquila imaginando lo que haría al verlo. Él venía caminando. Un poco agobiado por el trabajo pero contento porque se iban a reencontrar. Miraba su celular, estaba en horario pero quería llegar lo antes posible para poder estar más tiempo con ella. Su paso era un tanto apurado pero tranquilo. Llegó a la última esquina pero se detuvo porque le sonaba el teléfono, no quería atender, ya faltaba muy poco. Luego de cortar dió vuelta a la esquina, no la vió, sólo a su auto. Escuchó su dulce voz, sus corazones latían unidos. Estaban juntos otra vez. 

miércoles, 12 de agosto de 2020

La luz del sol

Estaba sentada en el auto. La luz del sol atravesaba los árboles, los autos, las casas y las calles. Los rayos acariciaban sus labios e impedían que el frío del amanecer caiga sobre su piel. Sus ojos color miel le recordaban la tranquilidad de la vida. Entre fantasías y pensamientos su corazón latía confundido. Recordaba los besos, los abrazos y las charlas que habían tenido. Seguía confundida sin saber que estaba pasando. Ya el sol había sobrepasado los techos de las casas y alguien golpeó suavemente la ventanilla de su auto... 

domingo, 9 de agosto de 2020

La niebla

La niebla no les permitía verse. Se habían encontrado para ir a pescar como cada sábado a la tarde. Era una excusa para charlar, reírse, comer algo y tomarse unas cervezas. Ya se va a ir cuando el sol empiece a calentar, le dijo, pero tenía dudas. Sacaron algo, les preguntó alguien, no, hasta ahora nada. Se escuchaba el sonido del río bailando con las piedras bajo sus pies. Tenía razón, de a poco la niebla se iba disipando por el calor del sol. Ya se podían ver las caras y las cañas, inmóviles siempre fieles a su lado. La tarde pasaba y aún no pescaban nada, seguían charlando uno al lado del otro, hablaban de política, del virus y de sus vidas. La niebla ya se había ido, el río, majestuoso e infinito brillaba con el sol. El muelle de cemento les daba una tranquilidad necesaria. No estaban solos pero ellos no se daban cuenta, seguían sentados en sus reposeras acompañandose. Y así, se terminaba el día y cada uno volvía a su casa para reencontrarse nuevamente en el muelle dentro de una semana. 

domingo, 2 de agosto de 2020

Un domingo

La hamaca se mecía mientras descansaba. El sonido de una canción le permitía viajar hacia ese lugar. La temperatura del ambiente era perfecta, no sentía calor ni frío. No quería leer un libro pero si imaginarse en ese lugar leyéndolo. Necesitaba esos instantes de soledad. La hamaca se mecía y la canción se terminaba. Esos instantes no volverían pero los había disfrutado. 

domingo, 26 de julio de 2020

El semáforo

El semáforo se puso en rojo. El mundo se detuvo en esos 44 segundos. El sol latía anaranjado opacado por el atardecer. Sus rayos amarillos, ocres y violetas se mezclaban con el cielo celeste y azul y las nubes blancas, grises y negras. La música le permitía apaciguar su mente. Sus ojos color miel capturaron el momento y lo guardaron como un recuerdo más. Era feliz. El semáforo se puso verde, arrancó y siguió su camino.

sábado, 18 de julio de 2020

El túnel

El túnel parecía interminable. Hacía horas que estaban caminando y lo único que podían ver era más oscuridad. ¿Cuánto falta? No se.
Si bien la oscuridad los agotaba, también les traía paz y les permitía experimentar con mayor profundidad sus otros sentidos. El aroma que se respiraba era suavemente dulce como en los momentos previos a una lluvia de primavera. Los sonidos del agua goteando en diferentes partes del túnel armonizaban sus oídos.
El cansancio les impedía seguir avanzando. Se sentaron, tomaron agua y  descansaron un rato. Cuando retomaron fuerzas, se pararon, se agarraron bien fuerte de la mano, cerraron los ojos y empezaron a correr. Entre risas, desesperanza y tropiezos juntos llegaron hasta el final y pudieron abrir los ojos. Mientras terminaba el relato le dijo, siempre hay una luz al final, el problema es que la queremos ver antes de llegar. Levantó la mirada pero ya se había dormido. La tapó para que no tuviera frío. Le dio un beso en la frente y dejó encendida la tenue luz que se posaba sobre el cajón de juguetes.