Estaba sentada en el auto. La luz del sol atravesaba los árboles, los autos, las casas y las calles. Los rayos acariciaban sus labios e impedían que el frío del amanecer caiga sobre su piel. Sus ojos color miel le recordaban la tranquilidad de la vida. Entre fantasías y pensamientos su corazón latía confundido. Recordaba los besos, los abrazos y las charlas que habían tenido. Seguía confundida sin saber que estaba pasando. Ya el sol había sobrepasado los techos de las casas y alguien golpeó suavemente la ventanilla de su auto...
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