Se fue caminando por la escollera. Se sentó a mirar como las olas rompían contra las rocas. El sonido la ayudaba a recordar. Sentía el calor del sol en su cara. Ese calor necesario para refrescar su alma. Lo extrañaba. Hace unos días, se habían encontrado en ese lugar. A él no le gustaban los animales pero su perro era demasiado cariñoso. Demasiado tiene que esperar para que se vuelvan a encontrar. Esas lágrimas entre enojo, felicidad y tristeza se agotaban rápidamente con los rayos del sol. Todos los días salía de trabajar y se iba caminando hasta el final de la escollera hasta que se ponía el sol. Miraba a lo lejos y recorría su mente en busca de él. A veces lo encontraba, otras no podía. Pasaron los días pero ella ya no iba caminando hasta el final de la escollera. Muchos años después, él volvió a la escollera. Fue caminando hasta donde termina y se sentó a mirar como las olas rompían contra las rocas. No le gustaba el sol en su cara por eso iba luego del atardecer. La extrañaba. Demasiado tiene que esperar para que se vuelvan a encontrar. Sus recuerdos lo traicionaban, ya no la podía recordar. Sintió que alguien le apoyaba la mano en su hombro, se dió vuelta y la vió una vez más antes de irse.
viernes, 29 de mayo de 2020
sábado, 23 de mayo de 2020
La luna
Estaba recostado mirando el cielo. Era de noche. La luna y las estrellas decoraban el ambiente. El sonido del agua del río les llenaba los oídos. A su lado, también disfrutaba el momento. Las piedras la incomodaban pero la paz que sentía era más importante. Decidieron ir a caminar. Hacía frío. Charlaban sobre lo que habían vivido ese día. Él lo recordaba de una manera muy distinta a ella. El sentimiento era parecido pero sus mentes los dividían. Llegaron hasta el puente de piedras. Cruzarlo no fue difícil. Se abrazaron, se recostaron sobre las piedras y mirando al cielo todo volvió a empezar.
jueves, 21 de mayo de 2020
El último encuentro
Se encontraron en el último tablón del muelle como todos los años. Siempre a la misma hora. El sonido de las olas chocando entre sí, y contra el muelle, les permitía rememorar esos momentos de paz. Había apoyado la mano sobre la baranda de madera al igual que ella. Ese aroma era inconfundible, una mezcla de sentimientos y frescura. No hacía frío. Mientras hablaban, el sol se iba escondiendo detrás del manto azul y blanco. Sabían que en un rato se tenían que ir, aunque no querían. La ansiedad recorría sus cuerpos. Esa caricia imperceptible era lo que detenía el tiempo. Se miraron, sonrieron y se fueron caminando por el muelle de madera.
lunes, 18 de mayo de 2020
Un pedacito del planeta que no pudieron
¿Y cuál es tu pedacito del planeta que no pudieron? Le preguntaba mientras tomaban una cerveza. No lo sé. Respondía afligido. Escuchaban la canción y la cantaban hasta quedar sin aire. Saltaban, y volvían a tomar un trago de esa cerveza helada. Descalzos sentían como la arena se pegaba en sus pies. Descalzas sentían el agua como acariciaba su piel. El calor deshidrataba sus pensamientos. Paraban, descansaban y nuevamente enfriaban sus gargantas con un trago de cerveza bien helada. Y volvían a bailar y cantar, cerraban sus ojos, y desafinaban la letra equivocandose en la mayoría de las estrofas. Las canciones fueron terminando al igual que la cerveza. Se agarraron de la mano y se fueron caminando por la playa. ¿Y cuál es tu pedacito del planeta que no pudieron? Le volvió a preguntar. Suspiró, tomó el último sorbo de la cerveza que le quedaba y dijo...
viernes, 15 de mayo de 2020
La ventana
La ventana estaba cerrada. Desde hace unos días, cuando llegaba a su casa, la veía así. El viaje era largo y solitario, escuchaba la radio y, quizás, hablaba por teléfono o leía un mensaje. El trabajo era agotador pero le gustaba. Disfrutaba de sus compañeros, podía reírse de vez en cuando. El otoño yacía sobre las veredas, impregnadas de aromas que recorrían su piel. Hacía unos meses, cuando llegaba, la encontraba abierta. Podía imaginar lo que pasaba, los cumpleaños, las comidas, las risas, las peleas y los llantos. Cada vez que llegaba miraba a través de esa ventana, era su momento y de nadie más. Pero ahora estaba cerrada. Se preguntaba que es lo que había pasado. ¿Se habrían acabado los cumpleaños, las comidas, las risas, las peleas y los llantos? No importaba. La abría, y disfrutaba de ese momento, era suyo y de nadie más.
domingo, 10 de mayo de 2020
Deja vu
Ella se encontraba sentada mirando por la ventana. No estaba sola. Veía como las hojas de los árboles caían coloreando la vereda. Ellos pasaban con la boca tapada. Hablando, riendo, llorando. Quería salir pero no podía.
Ella se encontraba parada mirando por la ventana. Estaba sola. Los árboles no tenían hojas y las veredas estaban vacías. Ellos pasaban con la boca tapada. Hablando, riendo, llorando. Quería salir pero no podía.
Ella se encontraba recostada en el sillón. Estaba acompañada. Veía como la brisa movía la copa de los árboles llenos de hojas y las veredas ya tenían flores. Ellos pasaban con la boca tapada. Hablando, riendo, llorando. Se cubrió la boca y salió.
martes, 5 de mayo de 2020
Las olas
Era una noche hermosa en la playa. El mar estaba tan calmo que casi no se escuchaba. La luna estaba apagada y las estrellas iluminaban las pocas olas que había. Él venía caminando mirando la arena. Tenía puesta una malla y una remera de manga corta que le gustaba usar. Cantaba una canción pero no recordaba toda la letra. Añoraba otros momentos de su pasado. Estaban juntos y se divertían. Comían en la playa bajo el manto de estrellas. Hablaban por horas sobre los secretos del universo. Se necesitaban. Una ola mojó sus pies, el agua estaba fría. Levantó la vista y pudo ver que allí se encontraba. Sonrió casi lloró. Se acercaba con cada paso. Le transpiraban las manos. Una ola le mojó los pies, el agua estaba fría.
sábado, 2 de mayo de 2020
Carla
Esta en la heladera. ¿Cómo que esta en la heladera? Si, ahí lo puse. Pero... No sabíamos que decirle. La conocíamos hace varios años. Cada tanto venía a vernos. Siempre cuando ella quería. Venía a último momento, un rato antes de que nos vayamos. Nos contaba historias increíbles, o así nos parecían, irreales... Sacalo de ahí. No sabía dónde ponerlo. Estaban ellos en casa, no quería tirarlo. De nuevo nos dejó sin palabras. Ella estalló en llanto. Decidimos acompañarla hasta la casa. Era otoño, las hojas de los árboles yacían en el suelo de las calles de tierra. Llovía, no muy fuerte. No teníamos paraguas, no importaba. Íbamos los tres caminando. Llegamos hasta su casa, estaba todo desordenado, llegamos a la cocina. Y ahora, que van a hacer, nos preguntó. No sabíamos que decirle. Ella estaba aliviada. Nos fuimos caminando hasta la avenida sin decir nada. Dejó de llover y nos separamos cada uno por su lado. Ella, estaba feliz.
viernes, 1 de mayo de 2020
El amanecer
Estábamos mirando el amanecer desde el estacionamiento. Nosotros tres y Lara. Alex estaba en el volante, yo estaba en el asiento del acompañante, Saso y Lara en el asiento de atrás. Saso salió del auto, se sacó las zapatillas y las medias y se fue caminando hasta la orilla. Era una madrugada de verano, soplaba una suave brisa como las que tiene habitualmente Mar del Plata. El mar estaba demasiado tranquilo. El cielo totalmente despejado. Todavía se podían ver las estrellas aunque desaparecían lentamente ocultas por una tenue luz naranja. Nosotros tres nos estábamos quedando en el departamento de los padres de alex en Punta Mogotes. A Lara, la conocía desde primer grado. A ella le gustaba decir que era con el primer hombre que había dormido, era verdad, claro, en primer o segundo grado eramos muy amigos y varias veces nos quedábamos a dormir juntos. Después de la primaria nos alejamos un poco porque yo cambié de colegio. Nos reencontramos ese verano, aunque no me acuerdo como. Habíamos ido a bailar a las playas del sur y, como hacíamos casi todas las noches, nos íbamos a ver el amanecer en el auto a la playa. Lara estaba ansiosa y dudaba, ¿qué hago? y ¿si se enoja? Alex me mira extrañado. Yo la miré, ella me había entendido. Se bajó del auto, se sacó las zapatillas y se fue caminando por la playa hasta la orilla. El sol ya había salido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)