El semáforo se puso en rojo. El mundo se detuvo en esos 44 segundos. El sol latía anaranjado opacado por el atardecer. Sus rayos amarillos, ocres y violetas se mezclaban con el cielo celeste y azul y las nubes blancas, grises y negras. La música le permitía apaciguar su mente. Sus ojos color miel capturaron el momento y lo guardaron como un recuerdo más. Era feliz. El semáforo se puso verde, arrancó y siguió su camino.
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