sábado, 29 de agosto de 2020

La plaza

La plaza era su lugar de encuentro. Era un día gris, un poco fresco. Estaba esperándolo en el banco mientras escuchaba música. El cuidador pasaba limpiando las ojas, una señora mayor barría la vereda, una pareja charlaba en un banco al otro lado de la plaza, una policía caminaba vigilando. Seguía esperando, todavía era temprano para que llegue. Estaba tranquila imaginando lo que haría al verlo. Él venía caminando. Un poco agobiado por el trabajo pero contento porque se iban a reencontrar. Miraba su celular, estaba en horario pero quería llegar lo antes posible para poder estar más tiempo con ella. Su paso era un tanto apurado pero tranquilo. Llegó a la última esquina pero se detuvo porque le sonaba el teléfono, no quería atender, ya faltaba muy poco. Luego de cortar dió vuelta a la esquina, no la vió, sólo a su auto. Escuchó su dulce voz, sus corazones latían unidos. Estaban juntos otra vez. 

miércoles, 12 de agosto de 2020

La luz del sol

Estaba sentada en el auto. La luz del sol atravesaba los árboles, los autos, las casas y las calles. Los rayos acariciaban sus labios e impedían que el frío del amanecer caiga sobre su piel. Sus ojos color miel le recordaban la tranquilidad de la vida. Entre fantasías y pensamientos su corazón latía confundido. Recordaba los besos, los abrazos y las charlas que habían tenido. Seguía confundida sin saber que estaba pasando. Ya el sol había sobrepasado los techos de las casas y alguien golpeó suavemente la ventanilla de su auto... 

domingo, 9 de agosto de 2020

La niebla

La niebla no les permitía verse. Se habían encontrado para ir a pescar como cada sábado a la tarde. Era una excusa para charlar, reírse, comer algo y tomarse unas cervezas. Ya se va a ir cuando el sol empiece a calentar, le dijo, pero tenía dudas. Sacaron algo, les preguntó alguien, no, hasta ahora nada. Se escuchaba el sonido del río bailando con las piedras bajo sus pies. Tenía razón, de a poco la niebla se iba disipando por el calor del sol. Ya se podían ver las caras y las cañas, inmóviles siempre fieles a su lado. La tarde pasaba y aún no pescaban nada, seguían charlando uno al lado del otro, hablaban de política, del virus y de sus vidas. La niebla ya se había ido, el río, majestuoso e infinito brillaba con el sol. El muelle de cemento les daba una tranquilidad necesaria. No estaban solos pero ellos no se daban cuenta, seguían sentados en sus reposeras acompañandose. Y así, se terminaba el día y cada uno volvía a su casa para reencontrarse nuevamente en el muelle dentro de una semana. 

domingo, 2 de agosto de 2020

Un domingo

La hamaca se mecía mientras descansaba. El sonido de una canción le permitía viajar hacia ese lugar. La temperatura del ambiente era perfecta, no sentía calor ni frío. No quería leer un libro pero si imaginarse en ese lugar leyéndolo. Necesitaba esos instantes de soledad. La hamaca se mecía y la canción se terminaba. Esos instantes no volverían pero los había disfrutado.