lunes, 27 de abril de 2020

No hay nada más difícil que vivir sin tí...

Todas las noches lo veíamos llegar, siempre ponía la misma canción, cantaba y lloraba: "no hay nada más difícil que vivir sin tí...". Era la primera vez que escuchaba esa canción. Creo que desde el primer día fuimos a comer a ahí todas las noches, o casi todas. La comida era simple, barata y rica. Nuestro país, pasaba por una de las peores crisis de su historia, nos decían: "no gasten los dólares...", cambiabamos de presidente como de ropa. Nosotros nos fuimos en medio del conflicto, no se podía transitar. Todas las noches ibamos a comer ahí a las ocho, perdón, casi todas. Él llegaba siempre a la misma hora, ocho y media, nos enteramos, el último día que era chofer de un camión, o eso imaginamos. Se sentaba en la barra, pedía una cerveza, una torta de jamón y ponía siempre la misma canción; y cantaba gritando y llorando "no hay nada más difícil que vivir sin tí...", eran 4 minutos de melodía y llanto, terminaba su cerveza y se iba por el callejón. Aún hoy, después de tantos años, cada vez que escucho esa canción, algunas veces lloro con él, otras me río, pero siempre la disfruto, me recuerda a él, sentado en la barra, con una cerveza en la mano y cantando: "no hay nada más difícil que vivir sin tí..." y llorando. Cada vez que la escucho me pregunto: ¿si no se hubiera ido sería más feliz?

sábado, 25 de abril de 2020

La encrucijada

Nuevamente se encontraron fugazmente. Cruzaron la calle pero no se miraron. Estaba pensando en lo que tenía que comprar. La tela le cubría la boca. No le incomodaba, ya estaba acostumbrado. En cambio, su mente navegaba por ciertos recuerdos de felicidad. Iba caminando sobre las hojas que cubrían la vereda con sus colores. Pensaba en lo que tenía que hacer al llegar a su casa. Un pañuelo le cubría la boca, le daba calor pero estaba acostumbrada. Recordaba los abrazos, los extrañaba. Estaba de espaldas en el comedor mirando por la ventana, pensaba cuando va a terminar, cuando se encontrarían nuevamente.  Era una casa antigua con ventanas grandes con un pequeño parque. El tiempo pasó y respiraban al unísono. Se conocían pero no se miraron. Quizás por miedo, quizás por cierto grado de timidez. Bajo la tela sonrieron, pudieron mirarse y encontrarse, aunque no abrazarse, no importaba, se encontraron y sonrieron una vez más.

lunes, 20 de abril de 2020

La calle vacía

La calle estaba vacía. lgo de música a lo lejos. No se escuchan los ruidos de la pelota de fútbol contra el portón. No se escuchan las risas de ellxs jugando en las veredas. Pasa una mujer con su perro por la calle, todos los días, casi a la misma hora, él casi no puede caminar pero la acompaña fielmente 3 veces por día. A veces la acompaña otra mujer, muy parecida a ella con su perro, más joven. Siempre con el barbijo puesto. A veces sale un hombre a fumar por un rato, sin barbijo. Ya casi no nos vemos las caras y poco nos saludamos. Alguien llora a lo lejos, alguien ríe a lo lejos. Disfrutaremos más de lo que no tenemos?

La misma calle. Sigue vacía. Hoy no se escucha música a lo lejos. La pelota de fútbol sigue escondida atrás del sillón. Se escuchan las risas de ellxs jugando pero aún no en las veredas. Pasa la misma mujer con su perro por la calle, a la misma hora, él casi no puede caminar pero la acompaña fielmente. Más temprano, salieron juntas, pero por la tarde estaba sola, como siempre con la sonrisa tapada. El hombre sale a fumar por un rato y sonríe. Asumimos los gestos debajo de la tela que nos cubre, la sonrisa la desborda y el beso vuela para acaricirla. Hoy no hay llantos, solo risas. Quizás el tiempo nos permita recordarnos más juntos que aislados