domingo, 9 de agosto de 2020

La niebla

La niebla no les permitía verse. Se habían encontrado para ir a pescar como cada sábado a la tarde. Era una excusa para charlar, reírse, comer algo y tomarse unas cervezas. Ya se va a ir cuando el sol empiece a calentar, le dijo, pero tenía dudas. Sacaron algo, les preguntó alguien, no, hasta ahora nada. Se escuchaba el sonido del río bailando con las piedras bajo sus pies. Tenía razón, de a poco la niebla se iba disipando por el calor del sol. Ya se podían ver las caras y las cañas, inmóviles siempre fieles a su lado. La tarde pasaba y aún no pescaban nada, seguían charlando uno al lado del otro, hablaban de política, del virus y de sus vidas. La niebla ya se había ido, el río, majestuoso e infinito brillaba con el sol. El muelle de cemento les daba una tranquilidad necesaria. No estaban solos pero ellos no se daban cuenta, seguían sentados en sus reposeras acompañandose. Y así, se terminaba el día y cada uno volvía a su casa para reencontrarse nuevamente en el muelle dentro de una semana. 

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